Hoy comienza para muchos estudiantes en Andalucía la llamada ‘Semana Blanca‘. Se instauró esta festividad para compensar que en la mayoría de las provincias andaluzas las festividades coinciden con el mes de Agosto.
Es esa semana que esperas casi desde finales de Enero, con esperanzas de hacer multitud de cosas que tú mismo sabes no harás. Dices que vas a estudiar y no lo haces, que vas a ir a tal sitio y no sales de tu casa, que vas a quedar con un viejo amigo y tampoco termináis viéndoos.
En palabras de Antonio Herranz, mi profesor de física, es la “semana en blanco“.
Y hablando de Andalucía, hoy estuve por vez primera en el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA) en Campanillas, a escasos minutos de la capital malagueña. Un lugar muy interesante y que merece todo el apoyo e interés por parte de la Administración y de empresas internacionales.
Edificio de Isofotón
Tuvimos el placer de visitar, aunque escasos de tiempo, las instalaciones de Isofotón y Airzone.
La primera, Isofotón, es una empresa de desarrollo y fabricación de células fotovoltaicas, módulos de concentración y placas solares térmicas. Tiene su origen en la Málaga de principios de los años 80, cuando confeccionaron sus tres primeras células fotovoltaicas. Ahora tienen en plantilla a unos 700 empleados y, con presencia en más de 60 países, en los últimos meses han encontrado grandes clientes en Alemania.
La segunda, Airzone, desarrolla sistemas de zonificación de instalaciones de aire acondicionado. Sus productos son hoy en día muy populares y atractivos, ya que permiten independizar la temperatura de cada habitación de la misma casa con un sólo equipo de aire acondicionado, mediante el uso de rejillas difusoras inteligentes.
Ambas visitas realmente fascinantes por doble partida: empresarial y tecnológica. Una mañana apasionante.
Esta tarde iba a quedar para configurar Ubuntu a un amigo y después cenar, pero va a quedar en la cena creo, porque no tengo muchas ganas de salir y además tengo mucho que arreglar en casa. Lo siento.
Málaga. Noche de San Juan. Ya había oscurecido y estábamos jugando en el agua a ahogarnos unos a los otros ~ ¡actividad sin parangón! ~ cuando apareció ante nuestros ojos lo que nos impidió seguir con una velada tranquila en rededor de la hoguera que no llegamos a hacer. Simplemente genial. ¡Olas que se iluminaban con ráfagas de luz azul!
No podíamos creerlo, no encontrábamos explicación alguna para tal fenómenoentonces tan desligado de ningún noúmeno que hubiésemos conocido con anterioridad. Perplejidad. Voces pensativas. Y asombro otra vez, porque cuando nos rociábamos agua sobre nosotros mismos descubríamos pequeñas partículas luminiscentes que poco a poco perdían su intensidad en su intento de regresar al medio del cual habíamos extraído ‘aquello’ y al cual no sabíamos cómo había llegado.
Todo tipo de teorías se cruzaron en el aire, esa fué la auténtica hoguera de San Juan. Quien no nos creyese, ese era el ‘Júa’.
La luz de los chiringuitos… no explica los puntos.
Una fuente de luz ultravioleta que… bah, da igual, no explicaba los puntos.
Estaba más que claro, algo había en aquel agua. Algo que ni la amiga Wikipedia nos quería desvelar, y Señor Google tampoco estaba por la labor. O al menos con las palabras clave que teníamos hasta entonces. Así fue.
El brillo nos recordó al de la quinina cuando se excita con radiación ultravioleta. Pista falsa. Para ello es necesario un medio ácido. Pruebe a iluminar con UV un agua tónica y de nuevo haga lo mismo añadiendo sal.
24 de Junio
Llegamos a comentarle el asunto a Juan Romero, estimado profesor de Biología. Él apostaría por algún tipo de microorganismo. ¿Plancton quizá? No iba nada mal encaminado.
Pero entonces la prensa nos dió una pista esencial. Dinoflagelados. Al parecer, durante la última semana había aparecido en la costa oriental malagueña unas manchas color ‘gazpacho’ que le concedían al mar una apariencia nada agradable para sumergirse en él. Un señor algo más avispado que sus vecinos ahora indignados por la imposibilidad de tomar su baño recogió una muestra que él mismo entregó al Instituto Oceanográfico de Málaga, ubicado en Fuengirola. Estos señores concluyeron que la ‘marea roja’ se debía a una floración repentina de diversas algas y microorganismos, entre ellos dinoflagelados.
Mi cursor se desplazó rapidamente hacia la barra de búsqueda en Wikipedia que permanece ávida de conocimientos en la parte superior derecha de la ventana de Firefox, y mis dedos se precipitaron a escribir lo más rápido que pudieron: ‘Dinoflagelados’.
Y allí estaba lo que andábamos buscando:
Los parpadeos azulados visibles en el agua del océano por la noche son producidos a menudo por las floraciones de dinoflagelados bioluminescentes, que emiten ráfagas cortas de luz cuando son molestados. Las floraciones se producen cuando los dinoflagelados pueden reproducirse rápidamente a causa de los alimentos abundantes en el agua.
Gracias, Jimbo, gracias, Larry. Sí señor, justo lo que habíamos vivido la noche anterior. Todo el rompecabezas empezaba a cobrar sentido, pero todavía faltaba una última vuelta de tuerca.
Esa misma noche, Juan Carlos y yo, los dos que nos mostramos mas interesados por el enigma volvimos al mismo punto donde todo había comenzado tan sólo 24 horas antes. Nos acompañaban Cristina y Jose Carlos. Esperábamos presenciar el mismo fenómeno de aquel ayer con nuestros ojos llenos de esperanzas de que esto ocurriese, y si era posible, grabarlo en vídeo. Pero estas esperanzas se desvanecían a medida que la noche caía en la Playa de la Misericordia. Las olas no resplandecían, las partículas azules no hacían acto de aparición. Llenábamos botellas con agua y las vertíamos lentamente. Pero allí no parecía haber nada.
Al cabo de un buen rato, desesperado, vacié mi botella con el único fin de aliviar la carga de mi mochila. Pero entonces saltó la chispa. Tres presuntos dinoflagelados salieron de la botella y se perdieron como lágrimas consoladas por la arena. No recuerdo cuáles fueron las palabras, pero un ‘Allelujah’ o un ‘Eureka’ no hubiesen quedado nada mal. Comprobamos de nuevo el efecto y ¡bang! allí estaban otra vez. Era el momento de tomar muestras, 3 litros de muestras.
Todo aquello era gozo. La celebración me llevó a lanzar por los aires mi botella. Y por los aires se fue. Y por los mares se fue. Ahora teníamos sólo 1.5 litros. Suficiente, aunque de camino a mi casa conseguí otra botella que me apresuré en llenar.
25 de Junio
Aquel agua tenía algo especial, aquellos seres que la poblaban… queríamos verlos. ¡Microscopios fuera! Nos reunimos en mi casa para vernos cara a cara. Los dinoflagelados y los científicos. Una pugna por saber. Y al final ganamos nosotros.
En cuanto observamos al microscopio las pequeñas esferas de apenas un milímetro que a simple vista flotaban en el agua lo tuvimos claro. E internet (Wikipedia again) nos dió la clave de nuevo. Aquello que veíamos era una ‘Noctiluca Miliaris’ o ‘Noctiluca Scintillans’:
Noctiluciphyceae es una clase de organismos unicelulares del filo Dinoflagellata que comprende un único orden, Noctilucales. Son un grupo peculiar de dinoflagelados marinos que difieren de la mayor parte de los demás en que la célula madura es diploide y su núcleo celular no muestra una organización dinocarionte. Estas células son muy grandes, con un diámetro de 1 a 2 milímetros y contienen grandes vacuolas. Algunas pueden contener algas verdes simbiontes, puesto que no tienen cloroplastos. Se alimentan de otro plancton y disponen usualmente de un tentáculo dedicado a la alimentación.
Los noctilucales se reproducen por fisión binaria, pero la reproducción sexual también ocurre. Cada célula produce numerosos gametos, que se asemejan más a los dinoflagellata típicos sin teca y tienen un núcleo dinocarionte. Las evidencias sugieren que se han separado muy tempranamente de los demás dinoflagellata y generalmente son clasificados en su propia clase.
La especie más común es Noctiluca scintillans, también llamada N. miliaris. Es usualmente bioluminescente cuando es molestado, como varios otros dinoflagelados y sus grandes floraciones se aprecian a veces como luces que parpadean en el océano.
Pudimos tomar estas fotos y el vídeo gracias a un microcular Bresser instalado en el microscopio y debidamente conectado al un ordenador portátil, testigo fiel de lo que allí teníamos.
El misterio desvelado, y nosotros, entusiasmados por la cantidad de maravillas que el mundo nos depara, siempre listas para ser indagadas, excrutadas, conocidas por nuestra desconocida mente. Y lograr llegar finalmente a la verdad… satisfacción.