He encontrado por ahí una reflexión sobre la Semana Blanca escrita por Antonio Burgos en El Mundo a 28 de Febrero de 2001:
En las habituales, cíclicas y apocalípticas informaciones sobre el agujero de ozono, decían el otro día que como Hemingway reviviera se iba a llevar un gran disgusto y que se iba a quedar sin título para una novela, porque las nieves del Kilimanjaro habían empezado a dejar de ser perpetuas. No sé qué explicación han dado los científicos, el Badiola de turno, pero para mí que no hay nieve en el Kilimanjaro porque toda la nieve nos la hemos traído estos días a España.
A la Semana Blanca de los escolares de España, esas vacaciones a las que parece que les ha puesto nombre El Corte Inglés. Oyes lo de la Semana Blanca y te crees que está en oferta la ropa de cama y que han rebajado muchísimo las toallas. O te crees lo otro, que como a los escolares les dan una semana de vacaciones de bóbilis, bóbilis en pleno segundo trimestre y le ponen ese nombre a la rabona oficial y colectiva, pues será para que se vayan a esquiar. Oyes lo de la Semana Blanca y te crees que todas las nieves perpetuas del Kilimanjaro, del Montblanc, del Himalaya están aquí, cuando en muchos pueblos con Semana Blanca en el Instituto no conocen más hielo que el de la máquina vendedora de cubitos que hay en la gasolinera de la entrada, donde ahora el alcalde ha hecho la glorieta, porque estuvo en Madrid y dijo que aquí no íbamos a ser menos que en ninguna parte.
¿Habrá nieve en Suiza? Pues en Suiza no hay Semana Blanca. ¿Habrá nieve en los Alpes franceses? Pues en los Alpes franceses no hay Semana Blanca. ¿Quién inventó esto de la Semana Blanca? Yo creo que el mismo que se sacó de la manga la ESO. Debió de ser el mismo que inventó el modo de estudiar nuestra Historia, a saltos de cigarrón, sin saber dónde se va a caer, de las relaciones de producción en el Paleolítico Superior pasamos a la mentalidad dominante en la burguesía urbana en tiempos de la Ilustración (o de La Vaguada) y, hala, ya sabe el niño toda la Historia que hay que saber. Y como estos planes de estudio son tan completos y están tan bien aprovechados los tiempos docentes, pues hay que dar a los chicos una semanita de descanso. No importa que en España el curso comience más tarde que en ningún lugar del mundo, ni que la Navidad tenga las vacaciones más largas del orbe, ni que el tercer trimestre, entre Semana Santa y puentes del Primero de Mayo se quede en unas cuantas semanas. Tenemos unos planes de estudio tan perfectos que se merecen un descanso tanto los discentes como los docentes, un paroncito, un alivio, que en todos los trabajos se fuma. Y así surgió de alguna mente preclara la Semana Blanca.
Esto sí que es Carnaval. No hablo de caretas, de disfraces y de papelillos y serpentinas. Me refiero al Carnaval de la enseñanza. Lo tenemos negro por muchas semanas blancas que le pongamos.
Bastante de acuerdo.


